Caminaba y escuché
los acordes de una bandita de garage -
imprecisa, tal vez mediocre, no pude
evitar preguntarme qué esperaban esos pibes del futuro . Aún así algo que no sé
como puede definirse me atravesó el cuerpo. Caminaba la noche a una especie de
ritual, la ropa pegada al cuerpo de estertores de tormenta de verano. Pesado,
húmedo y molesto.
Nunca me ha gustado
la idea de ver señales. Siento, pienso, que el azar del universo es sólo eso.
Pero a veces las señales me explotan en la cara.
Caminaba, decía, y a
la mitad en el justo, exacto, punto medio entre la partida y el destino hubo
una señal.
Ahora, masticado
pensado y vomitado, creo que aquello era un desvío que no debí obviar,
únicamente para no tener en la nuca la sensación de un voyeur que me observa y me dice "yo te
dije"
Pero no es que
necesitara la señal, puedo confesarlo, es la compulsión.
Y caminé el resto
cantando, tarareando, y lo peor, sabiendo conciente total y absolumente que
estaba a punto de regalar, rematar y desperdiciar la poca paz mental que me
había acompañado hasta anoche. Idiotez? Puede ser. En mí, prefiero llamarle fe ridícula en cosas de improbable existencia.
Again,
el ateísmo es siempre la respuesta más lógica.
Es tan simple, así (no podés elegir) Claro que no siempre, ves? resulta bien