15 de febrero de 2013

Un back up más - y ya van cien - mejor ni pensar



Caminaba y escuché los acordes de una bandita de garage  - imprecisa, tal vez mediocre,  no pude evitar preguntarme qué esperaban esos pibes del futuro . Aún así algo que no sé como puede definirse me atravesó el cuerpo. Caminaba la noche a una especie de ritual, la ropa pegada al cuerpo de estertores de tormenta de verano. Pesado, húmedo y molesto.
Nunca me ha gustado la idea de ver señales. Siento, pienso, que el azar del universo es sólo eso. Pero a veces las señales me explotan en la cara.
Caminaba, decía, y a la mitad en el justo, exacto, punto medio entre la partida y el destino hubo una señal.
Ahora, masticado pensado y vomitado, creo que aquello era un desvío que no debí obviar, únicamente para no tener en la nuca la sensación de un voyeur  que me observa y me dice "yo te dije"
Pero no es que necesitara la señal, puedo confesarlo, es la compulsión.
Y caminé el resto cantando, tarareando, y lo peor, sabiendo conciente total y absolumente que estaba a punto de regalar, rematar y desperdiciar la poca paz mental que me había acompañado hasta anoche. Idiotez? Puede ser. En mí, prefiero llamarle fe ridícula en cosas de improbable existencia. 
Again, el ateísmo es siempre la respuesta más lógica.


Es tan simple, así (no podés elegir) Claro que no siempre, ves? resulta bien 




14 de diciembre de 2011

Shortcuts

Medio kilo de helado de chocolate. El chocolate tiene efectos colaterales, endorfínicos. Ultra positivos. Reacción típica, reacción cinematográfica. Soquetes blancos, un sillón y tele, pelo sucio de dos días, una remera usada tres talles más grande, pantalón de pijama, medio kilo de helado de chocolate - en lo posible con nueces, alguna mezcla de dulce de leche pastoso pesado empalagoso. Patético. No me gusta el chocolate. Odio cualquier tipo de media que me apriete los dedos de los pies. No uso pijama. Desaparecí todas las remeras grandes por no caer en la tentación de usarlas - eso me obliga a lavar ropa al menos una vez a la semana a fin de evitar salir desnuda. Grotesco chocolate. Empalaga al punto de pensarlo y que el eco del sabor del recuerdo en la lengua me dé asco. Me dan asco los probadores. Día de compras. Compra de objetos innecesarios de cualquier índole que van a llegar en su bolsa, serán mirados una o dos veces esa noche, serán probados dos o tres veces más frente  a un espejo o serán volteados de lugar por no encontrarles ubicación de tan inútiles y luego pasarán una estancia indefinida en algún rincón de la casa o del placard. Inviable. Billetera vacía. Plásticos en rojo. ¿Podrá comprarse un par de sandalias coral - ¿qué clase de color es coral? ¿quién pone nombre a los colores?¿coral fue durazno hace tres temporadas? ¿coral  fue salmón o me confundo? - en 48 cuotas de seis pesos? Deberían existir zapaterías con planes de pago así de flexibles para estas emergencias. Es imperioso que me haga masticar el pelo, si fuera posible con una tijera de podar para imprimirle más dramatismo a la situación. Entrada urgente a la primera peluquería . No puede llevar más de una hora. Entro, saludo, me siento, hojeo una revista de hace seis o siete meses, espero, miro el reloj. Ella dice ¿Qué hacemos? Y me toca las puntas del pelo. Mira por el espejo. Digo Cortalo todo. Las tijeras suenan como tijeras- ¿cómo qué otra cosa podrían sonar? Veo montañas de pelo que van poblando el piso, justo al lado de una escoba y una pala para la basura. Basura. Todo lo que entra se debita, todo lo que sale se acredita. Miro al espejo y quiero convencerme de lo necesario del cambio. Pago. Salgo a la calle y siento menos peso. No pienso boludeces, pienso exactamente lo mismo que antes de entrar. Basura. Lo que está en mi cabeza no se va, apenas lo cambio por la preocupación urgente de saber cuándo cuándo cuándo mierdas me va a volver a crecer el pelo. Meses sin cortarlo.  Paso de largo frente a la puerta de la primera peluquería y de la segunda y de la tercera. Resisto la tentación de caer en la tentación ridícula de quedarme pelada  por razones egoístas - peor que egoístas, ajenas y egoístas. Síntoma de madurez. Mentira - inmadura y mentirosa. La fruta madura y se pudre.

El cuerpo sigue el movimiento cuando el movimiento se detuvo. Por inercia. El despliegue de todas las yo que tiene que detenerse, frenarse, reconcentrarse en una sola yo que se detiene. La que anticipa el salto aunque los pies estén fijos al piso, y después en el aire percibe la llegada y prepara los músculos para la meta, y después en la meta anticipada y temida permanece atrás todavía sin llegar.  Fuck! Ojalá me gustara el chocolate.

13 de octubre de 2011

Púdrete, Daly

Cena, baño, bolso y puesta en hora del despertador todo junto son parte de una misma acción que a las 0.30  aún no ha concluido. Terriblemente tarde para la hora de la alarma - 04.30. Terriblemente temprano para lo normal - 04.30.
Me acuesto igual, me tapo, me dispongo a dormir sin mayores contratiempos. Tele encendida, necesito ruido para apagarme. Viento polar afuera que sacude las ligustrinas al borde de mi ventana. Lloverá y me cagaré de frío hasta la terminal, vaticino. Control remoto, una vuelta. Disturbio, mi perro con capacidades diferentes - semiciego, semitonto - otra vez choca la carretilla que dejaron los albañiles eternos de mi casa Kosovo justo bajo mi ventana. Escucho las patitas corriendo, luego el shock-crash-pum del impacto y después el ladrido del perro que en un acto de disimulo casi humano vuelve a correr como si nada hubiera pasado. Otra vuelta de control remoto, una escena épica y sangrienta en la tele me hace creer que es el ruido correcto para amenizar un sueño breve y reparador. Viento que insiste, afuera.  Patitas de perro. A la derecha de mi cama, una pila de ropa de invierno que hice vomitar al ropero. Ordeno las tres almohadas: la finita, una hostia de gomaespuma, la alta pero dura, que sirve de respaldo, y la oficial, amoldada a mi cabeza- efecto logrado luego de un proceso de horas, de golpes, de ensayo y error, cada vez que alguien que no sea yo tiende mi cama. Veo la película. Una hora más o una hora menos no hace diferencia. Cañones franceses, viento acuoso de lluvia, cuatro frazadas y yo, que no duermo. Ruido de plástico que no se corresponde con los habituales ruidos nocturnos de mi habitación. No, no, no se me cayó nada, no me he movido. Disturbio, seguro. Perro de mierda porqué no se quedará quieto de una vez. Un papa que quiere redimirse a la vista de su ejército derrotado. “Roma es una puta vieja esperando a su próximo captor” Las traducciones de los subtítulos son una soberana bosta. Viento constante y el ruido, que no es habitual de nuevo.
Me siento en la cama. La luz de la tele dibuja mi sombra agigantada en la pared. Mi sombra se mueve y el ruido persiste. Cerca. Giro mi cabeza en el momento exacto para verlo. Ahí está el ruido. Veo un ruido y no estoy dormida, ni drogada, ni me volví sinestésica de repente. El ruido se sube a mi almohada, corre y salta a la pila de ropa que ya ordenaré. Si lo hubiera ignorado como corresponde - toda casa tiene ruidos- un ratón hubiera pasado corriendo sobre mi cabeza.
¿¡UN RATON!? Un ratón en mi casa, en mi cama, en mi almohada y la reputísima madre!! ¿Qué mierdas hace un ratón acá?!
No grito. Siento asco, asco, asco, asco.
Pensá. Claro que un ratón no te va a matar, dejalo, dormite. Hace frío - no te atrevas a desenredar siquiera la punta del pie de las frazadas!- Ridícula! El ratón se va a ir. (Tienesh shueño. Te peshan losh ojosh) Dormite. Olvidate.
Soy un bollo en el fondo de la cama.
El ratón está ahí, si se le ocurre arrepentirse vas a terminar con un ratón en la frente.
Escucho las patitas del ratón instalado en la pila de ropa. Al final el perro no es tan molesto. Ratón de mierda, de dónde salió. La reputa madre. Toda una pila de ropa de lana que lavar. Me siento de nuevo. No voy a dormir arrollada por un ratón. Luz.
Ahí está, lo veo. Sobre una campera de lana que hasta hace un par de horas me gustaba. Me ve, se asusta y se zambulle en la pila. Me siento en la cama a meditar.
Pobre ratón, tiene más miedo de vos que vos de él. Es un ratón. Lo saco, ya está.
Tiro una por una cada una de las prendas que componen la pila y él va saltando de una a la otra y hundiéndose cada vez más en el sillón multiuso que ahora tiene menos ropa y un ratón minúsculo encima. 01.25, y la puta madre no voy a dormir nada. Bota. Asco ratón. Tiro la bota, sin mirar adónde y nada se mueve. La bota cae al piso y de un poncho rojo sale el ratón y me mira. Y junto con los ojos negros del ratón minúsculo me miran Pérez, Faivel, Mickey, Jerry y su sobrino blanquito y detestable - hasta Daly me mira.
Me levanto a fumar pero ni llego a prender el cigarrillo. Siempre quise que Tom se lo comiera después de todo. La otra bota. La alzo y el ratón sigue quieto. Sé que va a moverse cuando quiera pegarle. Pero no importa, le pego. Mucho. Cuestiones de puntería - nunca tuve. Y ahí se queda, muertito.
Soy una asesina.
Me levanto, del asco ratón y de la rabia insomne ya no tengo frío. Mientras fumo el postergado busco una bolsa - blanca, plástica, todavía tiene migas de pan. Vuelvo a mi habitación. Estiro la mano enguantada, quiero embolsar al ratón y dormir. Cierro la mano sobre el cuerpo inerte. Y el ratón me patalea en la mano.
AAAHH!!!!
Tiro la bolsa, tomo la bota, remato a golpes al poncho, al ratón, que ya debería estar muerto y me aseguro de que no vuelva a patalearle a nadie, a nadie, a nadie.
Voy a la cocina y le doy Luciana sepultura junto a las cáscaras de huevo de la cena, la yerba del mate, los restos del cenicero y un lote de papeles de caramelos y galletitas.
Púdrete maldito ratón.
Aunque haya estado la bolsa me pataleó y no me puedo sacar la sensación de la mano. Y creo que tengo una alergia nueva, me pica todo.  No me puedo dormir, en veinte minutos va a sonar el despertador. ¡Al pedo! Sigo despierta.

8 de octubre de 2011

Las flores

Junté un puñado de flores y me senté en la puerta de calle. Jugaba a deshacer los pétalos entre mis dedos. Estaba nublado pero un calor pegajoso hacía que las flores tuvieran un olor más dulce. 
Un largo camino de ramos de flores se metía adentro de la casa. Los que entraban me daban un beso en la frente y seguían. 
Mami no estaba conmigo, creo que no la vi en todo el día. Papi se sentó en el borde de la ventana, fumaba, me prometió que a la tarde íbamos a probar el barco a pilas que me había traído Papá Noel. Me hizo cosquillas en los pies y me enojé. Hasta hoy odio que me hagan cosquillas en los pies. Él volvió adentro por el camino de flores.  
Ese día el abuelo no salió a retarme por llenar el frente de basura. Estaba feliz de no tener que escucharlo decir que no cortara las flores, que no arrancara hojitas del jardín, que me sentara en una silla y no en el piso. Las flores se mezclaban en mi ropa. Como siempre yo era la única entre toda esa gente alta, grande y vieja. El vecino panadero llegó con una bolsa y me dio una tortita negra. La comí con las manos todavía pegajosas de aplastar flores. Seguro el abuelo me hubiera pedido que me lavara las manos. Pero ese día no salió y mami se puso muy triste. Nunca más volví a verlo. 

El genial ideólogo de mis mentiras. 

5 de octubre de 2011

El paso es este

Salgo con un propósito distinto todos los días. Camino en línea recta. Alrededor todos saben qué hacer, perfectamente sincrónicos. Todo tiene un ritmo, un latido, al que no puedo ajustarme. Las personas pasan a mi lado y el aire les mueve el pelo. El mío está quieto. Giran, van, vienen y yo no. Unos más lento, otros más rápido. Se cruzan frente a mí, que estoy en medio y no me muevo. Todos saben qué hacer, yo no. Derecha, izquierda. Siguen una línea: algo que no alcanzo a entender configura todos sus actos - dibujados, prefijados, estériles. Giran en el aire. Cantan. Un zumbido alrededor y yo, que estoy quieta. Se acercan, me buscan, me invitan a bailar y no quiero. "El paso es este", dicen pero no los escucho. O los escucho y los olvido. No quiero bailar. Los entiendo: la danza se rompe si yo estoy quieta. Bailan y hablan, me miran, me invitan pero no quiero seguirlos. No escucho la música, me quedo quieta.
Podría saltar, flotar en el aire, girar en el aire para que crean que bailo. Pero quiero estar quieta.
Y el aire no me mueve, la luz no me apaga y no escucho ningún sonido.

4 de octubre de 2011

Flujo asimétrico

Habla. Escucho, proceso y digo poco. Le hago creer que sus palabras tienen el más profundo sentido para mí, le hago creer que confío en todo lo que dice, que cada vez que habla aprendo algo nuevo. Todavía me pregunto cuándo aprendí a ser tan complaciente. Me aburre.

Me escucha con atención: mis palabras son, lo sé, verdades absolutas. Las he elegido con constancia, con paciencia. A fuerza de ensayo y error mi discurso no tiene fisuras. Mi ego puede resistir que aunque sea en este vacío de ideas – este: que no sabe, que no ha visto, que no entiende - las mías adquieran consistencia cierta e irrefutable.

Insiste. Yo me aburro. Sin embargo he aprendido a fingir admiración aunque todo mi cuerpo rechace sus palabras: por vacías, por ridículas, por repetidas. Sé que si abro los ojos muy grandes cree que me sorprende y que si arrugo la frente se detiene y vuelve a empezar. Es irritante que sea tan previsible. Podría jurar que ha estudiado qué, cómo y cuándo decir estas cosas. ¿Habrá ensayado frente al espejo la vehemencia con la que explica sus teorías absurdas? Podría destrozarlas sin piedad. Alguien debería hacer justicia, no yo, no esta vez.

Me admira. Puedo leerlo en su cara, en el gesto de su cuerpo cada vez que me afirmo en un pensamiento y lo explico. Un mínimo temblor le mueve los hombros. Se llena de desconcierto o de sorpresa o de duda. Disfruto ver el alivio en su cara en el instante preciso en que sus neuronas finalmente hacen sinapsis.

Repite: alguien le hizo creer que sólo reiterando un mismo concepto de atrás hacia delante y de arriba abajo sus palabras se vuelven un conjunto lógico, coherente y sólido. Un castillo de naipes, sobra una sola pregunta para verlo caer.

Me sonríe. Sé que me sonríe cuando no entiende y eso me exige el doble: debo simplificarme para que comprenda lo que digo. Un sano ejercicio mental, es verdad. Esgrima dialéctica sin defensa, sólo mi ataque constante: alcanzar el orden en el caos y volver al equilibrio inverso. Claro que ella no sabe, claro que en ningún caso ella podría contradecirme.
Me gustan las mujeres simples, son más fáciles de deslumbrar.

Habla y me agota. Me duele la cara de esta sonrisa forzada, de esta máscara condescendiente que adopto cada vez que lo escucho. La ceguera del necio - que no entiende, que no sabe, que no ve. Hay un segundo en el que quisiera que se calle: que todos se callen. Siempre el mismo molde - que se empeñan en repetir con mayor o menor lucidez, con mayor o menor sabiduría.
Me gustan los hombres que no tienen otra fe que la de su inteligencia, son los más fáciles de manipular.

Hay que ser loco para ver las cosas con tanta lucidez, para ver todo a la vez. HM

1 de octubre de 2011

No me distraigan

El 21 de octubre de 1879, Thomas Alva Edison consiguió que la primera bombilla de luz permaneciera encendida por 48 hs. 
-¿Dejo la luz prendida?  
La luz, al proyectarse en la retina, desencadena una serie de fenómenos químicos y eléctricos que traducidos en impulsos nerviosos son enviados al cerebro por el nervio óptico. 
- Sí, quiero verte.
- Ok.
- Vení, tengo frío.
- Epa! despacio, tenés otra cosa que hacer? - digo.
ironía (del lat. ironīa, y este del gr. εἰρωνεία). f. Burla fina y disimulada…
- Nada, en absoluto
- No hay apuro, ¿verdad?
el atractivo del conocimiento sería muy pequeño si en el camino que lleva a él no hubiera que superar tanto pudor
- No, bueno, pensé, la ropa
las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio.
- Pará, pará.
la intimación según Benveniste expresa el deseo de que algo sea así y no que en realidad sea así…
- No, no, dejáme, yo puedo
al mismo tiempo que se le concede al alocutario el derecho a no realizarlo.
- Me dejás a mí? es un ganchito! ves? no es nada difícil 
Los pronombres demostrativos son deícticos en la medida en que se interpretan con respecto a la localización en el contexto enunciativo.
- Y esto?  
- Esto es mas fácil, yo te lo saco
después que las máquinas hiladoras convierten el algodón en hilos, algunos de éstos son teñidos con una coloración azulada y se usan en el telar cruzándolos con otros blancos, los diferentes tratamientos aplicados obtienen el denim en un proceso que dura 20 días. 
- Tenés frío todavía?
Los cambios de temperatura pueden afectar el tamaño de los objetos. Normalmente, cuando aumenta su temperatura y se calientan se dilatan o expanden; y cuando se enfrían o desciende su temperatura se contraen y desciende su tamaño. La expansión de un sólido puede expresarse según una, dos o sus tres dimensiones.  
- Sabés que no.
Así, hablamos de expansión de sólidos lineal, superficial y en volumen.
Pasos que no se siguen o pasos que se reiteran. Método, tacto sistematizado y sin memoria. La expansión lineal se mide de acuerdo con el coeficiente de expansión lineal: la variación de longitud de una unidad de longitud de material por cada unidad de cambio de temperatura, la cantidad de expansión depende tanto de la longitud como del cambio de temperatura.
Coeficiente contradictorio, más, pero despacio. Velocidad relativizada por incalificable torpeza.
- Ay.
Las palabras también tie­nen su jerarquía, su protocolo, sus títulos de noble­za, sus estigmas plebeyos.
- Disculpá.
- No importa.
-Sigo entonces.
-Sí.
-¿Segura?.
La inseguridad es una sensación.  
-Estoy segura
Cállese y no pregunte tonterías, no vino a hacer una encuesta. Cállese y no analice lo que no digo, no vino a charlar. No me haga preguntarme a qué vino. Cierre la boca o ábrala y usela responsablemente. ¿Qué sería lo responsable en este caso? Callate vos ahora! Pienso, luego existo. El espacio se contrae o se expande. Big bang theory. Un ser superior que crea a su imagen y semejanza. Miles de dioses que hacen brotar hombres del aire, la tierra y el maíz. Nadie. Ni vos.  La sonrisa de Lilith te mira asomada entre tus piernas. Soy Lilith.  

- ¿Vos no viste…?
- ¿Qué buscas?
- Eh… creí que había quedado acá…
- Fijate ahí, abajo.
- Sí… pero no está.
- En el piso.
- ¿Adonde? Ya me fije.
- No, allá. Latitud: -34.65824°, Longitud: -58.622017°
- Ah!¿cómo llego acá?

"Curioso que la gente crea que tender una cama es exactamente lo mismo que tender una cama, que dar la mano es siempre lo mismo que dar la mano, que abrir una lata de sardinas es abrir al infinito la misma lata de sardinas." JC.


Nota mental : Rescate, no era tan mala idea allá por entonces.