13 de octubre de 2011

Púdrete, Daly

Cena, baño, bolso y puesta en hora del despertador todo junto son parte de una misma acción que a las 0.30  aún no ha concluido. Terriblemente tarde para la hora de la alarma - 04.30. Terriblemente temprano para lo normal - 04.30.
Me acuesto igual, me tapo, me dispongo a dormir sin mayores contratiempos. Tele encendida, necesito ruido para apagarme. Viento polar afuera que sacude las ligustrinas al borde de mi ventana. Lloverá y me cagaré de frío hasta la terminal, vaticino. Control remoto, una vuelta. Disturbio, mi perro con capacidades diferentes - semiciego, semitonto - otra vez choca la carretilla que dejaron los albañiles eternos de mi casa Kosovo justo bajo mi ventana. Escucho las patitas corriendo, luego el shock-crash-pum del impacto y después el ladrido del perro que en un acto de disimulo casi humano vuelve a correr como si nada hubiera pasado. Otra vuelta de control remoto, una escena épica y sangrienta en la tele me hace creer que es el ruido correcto para amenizar un sueño breve y reparador. Viento que insiste, afuera.  Patitas de perro. A la derecha de mi cama, una pila de ropa de invierno que hice vomitar al ropero. Ordeno las tres almohadas: la finita, una hostia de gomaespuma, la alta pero dura, que sirve de respaldo, y la oficial, amoldada a mi cabeza- efecto logrado luego de un proceso de horas, de golpes, de ensayo y error, cada vez que alguien que no sea yo tiende mi cama. Veo la película. Una hora más o una hora menos no hace diferencia. Cañones franceses, viento acuoso de lluvia, cuatro frazadas y yo, que no duermo. Ruido de plástico que no se corresponde con los habituales ruidos nocturnos de mi habitación. No, no, no se me cayó nada, no me he movido. Disturbio, seguro. Perro de mierda porqué no se quedará quieto de una vez. Un papa que quiere redimirse a la vista de su ejército derrotado. “Roma es una puta vieja esperando a su próximo captor” Las traducciones de los subtítulos son una soberana bosta. Viento constante y el ruido, que no es habitual de nuevo.
Me siento en la cama. La luz de la tele dibuja mi sombra agigantada en la pared. Mi sombra se mueve y el ruido persiste. Cerca. Giro mi cabeza en el momento exacto para verlo. Ahí está el ruido. Veo un ruido y no estoy dormida, ni drogada, ni me volví sinestésica de repente. El ruido se sube a mi almohada, corre y salta a la pila de ropa que ya ordenaré. Si lo hubiera ignorado como corresponde - toda casa tiene ruidos- un ratón hubiera pasado corriendo sobre mi cabeza.
¿¡UN RATON!? Un ratón en mi casa, en mi cama, en mi almohada y la reputísima madre!! ¿Qué mierdas hace un ratón acá?!
No grito. Siento asco, asco, asco, asco.
Pensá. Claro que un ratón no te va a matar, dejalo, dormite. Hace frío - no te atrevas a desenredar siquiera la punta del pie de las frazadas!- Ridícula! El ratón se va a ir. (Tienesh shueño. Te peshan losh ojosh) Dormite. Olvidate.
Soy un bollo en el fondo de la cama.
El ratón está ahí, si se le ocurre arrepentirse vas a terminar con un ratón en la frente.
Escucho las patitas del ratón instalado en la pila de ropa. Al final el perro no es tan molesto. Ratón de mierda, de dónde salió. La reputa madre. Toda una pila de ropa de lana que lavar. Me siento de nuevo. No voy a dormir arrollada por un ratón. Luz.
Ahí está, lo veo. Sobre una campera de lana que hasta hace un par de horas me gustaba. Me ve, se asusta y se zambulle en la pila. Me siento en la cama a meditar.
Pobre ratón, tiene más miedo de vos que vos de él. Es un ratón. Lo saco, ya está.
Tiro una por una cada una de las prendas que componen la pila y él va saltando de una a la otra y hundiéndose cada vez más en el sillón multiuso que ahora tiene menos ropa y un ratón minúsculo encima. 01.25, y la puta madre no voy a dormir nada. Bota. Asco ratón. Tiro la bota, sin mirar adónde y nada se mueve. La bota cae al piso y de un poncho rojo sale el ratón y me mira. Y junto con los ojos negros del ratón minúsculo me miran Pérez, Faivel, Mickey, Jerry y su sobrino blanquito y detestable - hasta Daly me mira.
Me levanto a fumar pero ni llego a prender el cigarrillo. Siempre quise que Tom se lo comiera después de todo. La otra bota. La alzo y el ratón sigue quieto. Sé que va a moverse cuando quiera pegarle. Pero no importa, le pego. Mucho. Cuestiones de puntería - nunca tuve. Y ahí se queda, muertito.
Soy una asesina.
Me levanto, del asco ratón y de la rabia insomne ya no tengo frío. Mientras fumo el postergado busco una bolsa - blanca, plástica, todavía tiene migas de pan. Vuelvo a mi habitación. Estiro la mano enguantada, quiero embolsar al ratón y dormir. Cierro la mano sobre el cuerpo inerte. Y el ratón me patalea en la mano.
AAAHH!!!!
Tiro la bolsa, tomo la bota, remato a golpes al poncho, al ratón, que ya debería estar muerto y me aseguro de que no vuelva a patalearle a nadie, a nadie, a nadie.
Voy a la cocina y le doy Luciana sepultura junto a las cáscaras de huevo de la cena, la yerba del mate, los restos del cenicero y un lote de papeles de caramelos y galletitas.
Púdrete maldito ratón.
Aunque haya estado la bolsa me pataleó y no me puedo sacar la sensación de la mano. Y creo que tengo una alergia nueva, me pica todo.  No me puedo dormir, en veinte minutos va a sonar el despertador. ¡Al pedo! Sigo despierta.

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