Okupa se mete en mi cama, en la piel de mis sábanas y el colchón de mis huesos.
Llena mis sábanas de fiebre y mi colchón de arena. Encierra gritos en mi garganta que se vuelven piedra y no me dejan tragar.
Okupa niega sus actos y los reivindica. Me acusa de crímenes que sólo él conoce y de los que, en ausencia, no puedo ser responsable. Miento descaradamente para que se sienta culpable, y resulta.
Okupa guiña un ojo azul y supone que ese mínimo acto lo redime.
Maldito Okupa sabelotodo, cerrá la boca, escondé tus manos y negáme el viento que va a llevarse todo lo que no quede escrito.
Las sábanas se arrugan sin que las toques. La arena se reseca y la boca se llena de piedras cada vez que te pienso. Sueño con tus manos okupas, que me usurpan la cama delirante de fiebres atrasadas, y tus besos, que explotan al chocarse con la almohada. La lengua del aire se apiada de mi cuerpo y lo envuelve, acopio pasivo de lo que te pertenece y de lo que tal vez nunca te de.
Okupa se esconde, en noches de mosquitos y luciérnagas, en corrientes de agua sucia y olor dulce a frutas podridas. Encadena memorias futuras para que yo las guarde. Habla con la verdad de los justos y la urgencia de los traidores. Desafía mi sentido común por absurdo, por inútil, por ajeno.
Mi carne, la sábana que encierra mis cobardías, se vuelve permeable al contacto con la aguja. Respiro y un líquido invisible repta apagando mis incendios oníricos, aplastando las piedras en mi garganta, mojando la arena de mis huesos.
Trago saliva y callo por no contradecirlo, aunque se que se equivoca. Siempre se equivoca.
" El tiempo, que atenúa los recuerdos, agrava el del Zahir" JLB
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